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Entre amor, histeria y chocolate
Una visión psicoanalítica de la novela “Como agua para chocolate” de Laura Esquivel
Por Mª Fernanda Hernández1
Desde siempre el chocolate ha sido un gran deleite asociado en mayor medida a las mujeres, como forma de conquistarlas, agradarlas, o por parte de las mismas féminas, a modo de recurso para sentirse bien. Y es que es innegable que el chocolate es exquisito y a uno lo hace tener un momento agradable. Con relación a la novela que he escogido, me da la impresión de que este deleite está unido a muchas instancias, particularmente a la amorosa, porque claro, una mujer come chocolate cuando se los regala un varón que quizá quiere acercarse a ella y también cuando el joven en cuestión se aleja; “para pasar las penas”. Asimismo la cocina y las comidas son tema central de la historia de amor a la que me voy a referir, a través de la cual queda clara la hipótesis de que al hombre se lo conquista por el estómago (tarde o temprano) y es que los platillos y demases acá tienen un poder afrodisíaco prácticamente igual que el atribuido al chocolate. Por lo demás, estar “como agua para chocolate es estar a punto de explotar por rabia o por una gran pasión amorosa”.
El amor como imposible
Tita se ha enamorado de Pedro y viceversa, sin embargo por ser la menor de tres hermanas, a la joven le corresponde el destino (a veces bueno y a veces malo) de sufrir toda la vida el hecho de quedarse soltera cuidando a su madre hasta que muera. Así, Pedro no encuentra mejor forma de acercarse a su enamorada que demostrarle su amor y sacrificio casándose con la hermana de nuestra protagonista. Sobre ellos se posan cada día los ojos inquisidores y normativos de la madre que, al parecer, no necesitaba el cuidado de nadie; porque ella bien dice: siempre me las he podido arreglar sin un hombre en casa
2, pese a que tuvo marido hasta el día en que Tita nació y se enteró que su esposa lo engañaba; murió de la impresión. Y es que mamá Elena inspira respeto y es diestra, según lo que se lee, en todo lo que implique romper, destrozar, separar, etc.
Podemos ir viendo que a Tita le espera un gran dolor, pues para colmo de males, todos viven en la misma casa y como dice Gabriel García Márquez: La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener
. Aquí no sólo se sienta junto a Pedro, sino que Tita vive junto a él, más aún, les cocina a él y a su esposa, deleitándose con cada halago que recibe por su quehacer y que alimenta el sentimiento que alberga. Y es que este amor si que se ha tornado imposible, y a la vez que se dificulta, más crece, y como bien sabemos, “la mujer histérica se ha alejado lo suficiente del narcisismo como para reconocer a un objeto de amor diferente de su yo y a un objeto rival que se interpone entre ambos”3.
Qué paradojal situación: Tita se acerca a Pedro por medio de las instancias que más unen a su hermana y a su enamorado, a través del hijo de ambos, a través de la comida que ellos dos comparten y a través del enojo que su madre siente por ella y que la hace proteger más la relación de los esposos.
Podríamos sostener entonces que nuestra protagonista es una histérica de tomo y lomo. No solo está enamorada de un imposible como su cuñado, sino que se empeña en mantener la relación así; se acerca a Pedro a través de las mismas circunstancias que favorecerán un alejamiento de él. Ayuda a su hermana a recuperarlo cuando se han distanciado, por medio de secretos de cocina, que son de la misma índole que todas las estrategias que ha usado para unirse más a él. Y es que el goce de Tita es innegable, disfruta y se tortura en un amor irrealizable, censurable por todos y por ella misma. Persiste en esperar/reprochar a quien ya le ha demostrado desde el primer día que es incapaz de demostrar su amor en forma tajante y expuesta. Pedro no arriesga nada, él sólo se deja querer, se enoja o se pone celoso, pero no hace nada. La que sí hace mucho es mamá Elena, no sólo hace y habla, sino que es acatada y escuchada, más aún es temida y ¿por qué no?, admirada.
Pobre Tita, no sólo tiene una madre que más que amor le demuestra las ganas de destruirle la vida y “arrebatarle”4 su felicidad, sino que para colmo tiene un amor imposible, que sería su oportunidad de sentirse amada como realmente se merece y como su propia “mami”5 no lo ha hecho. Al menos le queda la esperanza, la ilusión de toda histérica de que algún día encontrará a un hombre que la ame como se merece, como no lo fue en un principio, pues fue desprovista de aquello que ahora le falta, de aquello que espera recibir, “…el falo es aquello de lo cual la histérica se siente injustamente privada, no puede delegar la cuestión de su deseo propio sino ante aquel que supuestamente lo tiene”6. ¿Y cómo seguir esperando esta reivindicación anhelada si no se tuviera un amor imposible?
Mientras Tita espera y sueña con Pedro, mantiene la ilusión de que él le de lo que siempre ha esperado y merece. Además de soñar con darle aquello de lo que ella lo puede colmar, “el enigma del encuentro de los sexos es que cada cual busque en el otro el falo…La mujer, porque no lo tiene, buscará en el hombre el pene que aparecerá fetichizado como falo (…)”7. Estas esperanzas sólo son posibles en la medida que ese amor, como lo señala Lacan “es dar lo que no se tiene, a alguien que no es”.
Ni Tita puede colmar su falta (aunque sea a través de deliciosos paltillos), ni Pedro puede ser colmado, porque ambos han perdido desde un principio, ambos carecen de un último significante y ambos poseen una hiancia solo rodeada en sus lindes. Tita considera que Pedro es su objeto “a”, y solo en la medida que él no se lo demuestre puede seguir siendo semblante de aquello que se manifiesta como el imaginario del objeto.
El amo ideal y el amo “fallado” (o casado)
Seguimos la novela y vamos notando que Tita vive en torno a Pedro, a su amor por él y obviamente en torno a su hermana. Pero es el joven el que más influencias ejerce en Tita, a partir de quien hace o deja de hacer, de lo que dice o lo que no dice. Sin embargo él está casado, y aunque Tita quiera ser la segunda de la relación, en realidad es la tercera.
Lo que sí podemos sospechar es respecto a la incomodidad que esta posición representa para la protagonista. Podríamos sospechar que Tita goza en esta posición, en la cual sufre, anhela, espera y recibe muestras furtivas de amor. ¿Podría ella vivir ese amor tan intenso si no fuera de esa manera, podría amar en otras circunstancias?
Pedro se constituye así como su amo, es él quien moviliza el deseo de Tita. Es él en base a quien Tita se constituye como mujer y como ser deseante. Sin embargo, no es él quien se acerca y quien se aleja, no es él quien seduce y rechaza, Pedro siempre está ahí esperando, en realidad el que espera es él no ella. Quien controla las distancias es ella, no él. Es Tita la que tiene “un amo sobre quien reinar” como señala Lacan. Es la protagonista la que se encarga de mantener su amor imposible y su deseo insatisfecho. Es ella la que está sin estar y en ese juego mantiene todas las esperanzas e ilusiones que la sostienen a través de la historia. Sobre este reino ella cimenta su rabia, su pena, su amor y sostiene su propia falta. Es Tita la que siempre se encarga de estar “como agua para chocolate” y nunca moverse de ahí.
Claramente Pedro se acomoda perfectamente a esta situación, porque en la medida que permanece como inalcanzable, puede motorizar el deseo insatisfecho de nuestra protagonista, “cuanto más inabordable sea, más podrá mantenerse la ilusión de que el feliz elegido no habrá de decepcionarla”8. Mientras él se mantenga como no perfecto, como no completo, como en falta, como portador de una falla, es que Tita puede soñar con él. Si fuese perfecto resultaría sospechoso, aburrido y más que todo amenazante, porque en la medida que el hombre perfecto está al alcance, la histérica se ve enfrentada a la posibilidad que le va a dar la certeza innegable de su reivindicación. Está la inapelable instancia de que su falta no pueda ser colmada, de que no serárestituida en aquello de lo que fue injustamente privada, “Para mantener su deseo, el sujeto (histérico) se esfuerza en no darle jamás un objeto sustitutivo posible, a fin de que la insatisfacción resultante motorice cada vez más el deseo en esta aspiración hacia un ideal de ser”9.
Es de esta forma que podemos comprender por qué Tita rechaza al doctor John Brown, aquel hombre que la cuidó en su propia casa cuando la madre la mandó a un manicomio, y es que la pobre no soportóla muerte de su sobrino; del hijo de Pedro que ella misma amamantó, porque identificarse con la hermana era claro y fácil, después de todo ella siendo la tercera compartía la misma sangre y el mismo amor que la que era esposa, ¿cómo no compartir la leche y al hijo?. Su sobrino murió cuando a Pedro y a su hermana Rosaura, mamá Elena los había enviado lejos para alejarlos de Tita, obviamente él no hizo nada. Y fue John aquel que estuvo meses cuidándola mientras permanecía muda simplemente porque quería, claramente no quería dejar salir nada más de ella.
Es así como Tita rechaza a este hombre educado, noble, caballero, galante, soltero y valiente que sí le demuestra su amor, que síse arriesga y desafía a mamá Elena a Pedro y a quien sea por el amor de esa mujer. Pero lo rechaza, a pesar de que ella misma dice que sabe que puede ser feliz a su lado, mientras llora desconsoladamente frente a este hombre perfecto, que le señala que la deja en libertad de escoger si quiere o no casarse con él en pocos días, que no le importa que haya perdido la virginidad con un hombre casado estando ya comprometida con él, que quiere que se encuentre segura de su amor y de no ser así él mismo le exigirá al otro que le ofrece golpes, que la cuide como se merece. Y es que John no es tonto y siempre supo que Pedro era su rival, pero se mantuvo siempre perfecto, demasiado perfecto.
El odio a la madre ideal
Por cierto que todo hubiese sido más fácil si mamá Elena no estuviera todo el tiempo observando, juzgando, ejecutando y separando. Pero aún después de muerta esta mujer seguía torturando a la pobre Tita, presentándose y acusándola donde fuera, además de hacerla creer que estaba embarazada de Pedro. Y es que mamá Elena era capaz de intimidar hasta a los líderes revolucionarios y de acertarle a lo que sea con su escopeta, porque era diestra en el manejo de esta arma. Sólo después de muerta, Tita descubrió que su madre había amado, que había amado con el alma a un amor prohibido, tal como ella lo hacía.
Nuestra protagonista no solo se parecía en esto a su madre, ella era también soltera y a su modo era también fuerte, porque era capaz de desafiar a su madre y más importante aún, era capaz de sufrir su dolor y mantenerse ahí. Siempre pendiente de la madre, siempre apreciando cada característica de mamá Elena, porque esta hija sabe que conoce a su madre como nadie, y viceversa. La identificación es clara, Tita se identifica a su madre en el sufrimiento que debe enfrentar (y sostener), en la fortaleza que ambas detentan en la lucha que mantienen la una contra la otra. Y es que esta es la mejor forma de acercarse y alejarse en el mismo acto dependiente. Y ambas tienen en común el vínculo con un hombre que no hace nada, solo se deja querer y moviliza su deseo insatisfecho, y es el mismo Pedro el hombre que estáentre madre e hija. Son las mujeres de esta novela las que se movilizan y sostiene su propio drama.
La mujer de esta familia vive en función de la cocina, los vínculos, los conflictos y las soluciones son a través de lo que la comida representa, la oralidad se hace presente incluso en lo que se calla; en lo que se traga. La feminidad está presente en aquello que está significándose en la cocina, pero que no alcanza a ser dicho, solo es alcanzable a través de símbolos como el olor a rosas, como la excitación que sienten los protagonistas con un platillo especial, etc. Justamente la única que no se vincula con este espacio femenino es Rosaura y es ella la menos mujer de todas, la que no es amada, la que no es deseada, la que ni siquiera alcanza a ser madre porque Tita ocupa su lugar. Y es que la protagonista sufriente de esta historia se identifica justo a través de lo que a su hermana le falta; sensualidad, lactancia y ser amada por su cuñado, se está inscribiendo de acuerdo a lo que falta. La relación con su amado tiene como base una identificación a la hermana, y recordemos que la histérica “se identifica ante todo con personas con las que ha mantenido contacto sexual o con aquellas otras que lo mantienen con la mismas personas que ella”10.
Tita era la tercera en una relación, la tercera entre Pedro y Rosaura. Su ubicación fálica la posiciona como objeto, ella misma se toma como objetivable, llegando a compararse con comida u otro tipo de objetos que tanto como pueden tomarse, pueden desecharse y rechazarse. Es la misma Tita la que se da para ser vista, “ella ‘entrega’, ‘da’ su cuerpo”11; le muestra a Pedro partes de sí y a través de la mirada es que se siente vinculada a él. Y es esta misma mirada lo que considera prueba de amor. Y es que ella sigue sintiendo que puede ser lo que a él le falta, porque claramente a Pedro le falta algo. Su cuerpo le sirve en sí mismo como lazo, goza a través de él en tanto cree que el otro también goza con el mismo objeto.
El frío de la vida y el fuego de la muerte
Cuando Tita supo que su enamorado se casaría con su hermana mayor, la embargó un frío que nunca la dejaría, ella misma dice que era “como si el frío le entrara por un hueco”12. La pobre se sentía vacía, con una hiancia que le producía frío.
El siempre atento John Brown le comentó a la joven que cuando uno siente una emoción muy fuerte, es como si una caja de fósforos se encendiera dentro y ese mismo calor produciría el regreso a un estado primitivo, en pocas palabras, moriría. Por suerte la joven se mantuvo siempre en la falta, velando por estar ligada a un amor imposible. Porque aunque Rosaura murió, ambos encontraron mil excusas para no poder disfrutar libremente su amor; el bienestar de la segunda hija del matrimonio, convenciones sociales, la memoria de la hermana, mil razones se elucubraban para mantener lo imposible de la relación libre y plena. Porque si pensamos en que Tita es una Mujer13 no-toda, “consecuentemente no hay relación sexual”14.
Pero inevitablemente en nuestra historia, sí se acabaron las excusas, los años pasaron y fue así como se realizó lo imposible de la relación sexual entre nuestros protagonistas. Y es que la nunca alcanzable completad se completó, el frío se fue y arremetió el calor, pero no es algo para lo que alguna persona esté preparada. En ese instante Pedro murió y Tita lo siguió voluntariamente porque claramente no podía vivir sin él y sin su amor imposible, no podía vivir sin quien sostuviera su hueco y su constante anhelo; su deseo imposible.
Comentarios
A través de nuestra historia pudimos ir viendo como Tita mantuvo un amor imposible con la esperanza de mantenerse sufriente, sacrificada y deseante, pero también con el anhelo de poder ser satisfecha, restituida; de poder encontrar finalmente en Pedro la plenitud sin más decepciones.
Al final sólo quedaban él y ella y cualquier fracaso ya no podía ser atribuible a otras circunstancias más que a ellos mismos. Sin embargo, nuestros protagonistas al parecer no estaban preparados para la completud que nadie esta preparado. Esta completud que llena una falta imposible de ser llenada y en esta imposibilidad es que no pudieron seguir existiendo.
Tita, a través de un ir y venir con Pedro, de una desafío a su madre, a su hermana, del rechazo a John, de su mutismo, de su mostrase, de su búsqueda del amor, lo único que conseguía era mantenerse siempre con su deseo insatisfecho y permanecer en la búsqueda constante de su feminidad; de lograr saber qué es ser mujer, su única respuesta fue estar toda la vida “Como agua para chocolate”.
- Estudiante de Quinto año Escuela de Psicología PUCV. [volver ↩]
- Esquivel, L. “Como agua para chocolate”. (1989). [volver ↩]
- Mayer, H. Puntualizaciones sobre la Histeria femenina”. [volver ↩]
- En referencia a las palabras utilizadas por Tita en la novela. [volver ↩]
- Referencia a la forma en que mamá Elena es tratada por sus hijas en la novela [volver ↩]
- Dor, J. “Estructuras clínicas y psicoanálisis”. (1985). [volver ↩]
- Torres, M. “La Histeria” (1977). [volver ↩]
- Dor, J. “Estructuras clínicas y psicoanálisis”. (1985). [volver ↩]
- Dor, J. “Estructuras clínicas y psicoanálisis”. (1985). [volver ↩]
- Íbid. [volver ↩]
- Íbid. [volver ↩]
- Esquivel, L. “Como agua para chocolate”. (1989). [volver ↩]
- En referencia la Otro sexo. [volver ↩]
- Dor, J. “Introducción a la lectura de Lacan II: la estructura del sujeto” (1985). [volver ↩]
Bibliografía
- Esquivel, L. “Como agua para chocolate”. (1989).
- DOR, J. “Clínica psicoanalítica”. Ed. Gedisa.
- DOR, J. “Estructuras clínicas y psicoanálisis”. Ed. Gedisa
- DOR, J. “Introducción a la lectura de Lacan II: la estructura del sujeto” (1985). Ed. Gedisa
- MAYER, H. Puntualizaciones sobre la Histeria femenina”.
- HARARI, R. “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis de Lacan: Una introducción”. Ed. Nueva Visión.
- TORRES, M. “La Histeria” (1977).
- SADE, M. “Filosofía en el tocador”. 1998. Edimat libros. Madrid.
