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.cinco
Alejandro Tapia Vargas1
Oigo la voz de Natán, que dejo morir a su
padre de dolor y pena en mis brazos, que
dejó la casa de su padre, que dejó al Dios de
su padre…
Enlazar el psicoanálisis con la escritura de Joyce es fácil. Joyce escribe en lenguaje psicoanalítico. Las cavilaciones de Bloom, de Dedalus y Molly son metonimia de significante, encaradas con un Inconsciente que es misterio a quien pertenece. Autores coinciden en que Ulises es un fiel reflejo de un lenguaje inconsciente, como llamaría Lacan, una epifanía, donde Real e Inconsciente se han anudado, a través de la falta. Otros aseguran, que lo que Joyce ha hecho es forcluir el significado, de supuesto el lenguaje como tal. Humildemente estaré en desacuerdo, pues en las líneas de Ulises, se cruza constantemente la metáfora, el nombre-del-padre, constituido en el cavilar de los personajes, en sus reflexiones, y en la prosaica lectura de Dublín.
Un día en la vida de Bloom, Dedalus y Molly es de lo que supuestamente habla Ulises. Una parodia, reflejo o relectura de la Odisea, dirán más entendidos que yo en la literatura. Afortunadamente la narrativa nos deja una dimensión de interpretación más amplia que los consensos (con la terrible consecuencia de la imprecisión). Ulises es un Inconsciente develado. No en tanto da profundidad a una fauna de personajes en sus potentes e internas historias, sino en tanto son lenguaje psicoanalítico, lenguaje del inconsciente ¿Pero de quien?
La mañana de Bloom comienza con su desayuno, el de Molly y el de su gato. Riñones fritos en mantequilla. Tostadas. Té. Un amigo de Bloom ha muerto y el funeral es a las 11. La calle es un escenario para que las cavilaciones de Bloom nutran de significantes el texto, que nos llevan a un padre, a una culpa, a la sexualidad y la castración. De cierta forma pareciera que es el inconsciente mismo de Bloom el que nos habla (conectado a lo Real, que no puede ser escrito). [5] (nomenclatura utilizada en la traducción de J.M. Valverde) nos habla sobre un padre, sobre la culpa y sobre la religión. En la misa que transcurre Bloom vierte su ira, con una esposa que lo engaña, con un padre que no alcanza, a un Dios que exige sacrificios, evidenciando que algo le falta, rito como parodia de una pregunta sin respuesta.
El monologo interior de Bloom esta dando cuenta de un cavilar en lenguaje psicoanalítico, remite a la metonimia, a la repetción, a una metáfora que se inscribe, una y otra vez (la iglesia, la culpa por el padre). En Bloom, esto poco puede significar (ya que, convengamos, es un personaje) mas a lo que lleva a la literatura, en tanto conecta a un nuevo decir, más allá del registro simbólico, desde lo imaginario, conectando lo Real y lo Inconsciente. Desde esta posición, la literatura devela más que la narrativa de los anhelos del sujeto (que podríamos decir que es imaginaria), y por lo tanto, más allá del lenguaje, se constituye como Real (que sin embargo, no puede ser dicho).
Entonces lo onírico, lo poético, lo cavilante del andar de Bloom entre su casa y la tienda del farmacéutico, da cuenta de un nuevo registro (que de nuevo, nada tiene) que devela al sujeto, como sujeto al lenguaje. Muchas interpretaciones son posibles en torno a la biografía de Joyce, y Ulises (desarrollado por Valverde, traductor de Ulises, y por el mismo Lacan). En [5] como ya mencione, el monologo de Bloom gira en torno a la metáfora, al nombre-del-padre, actualiza el inconsciente de un sujeto (que para la apuesta de Lacan es Joyce). Y esta metáfora, inscrita en lo Real, devela al sujeto del inconsciente, constituido en el lenguaje, desde donde podemos entender la escritura psicoanalítica que Joyce devela.
Lo último se opone a la lectura que se ha hecho en muchos casos (a partir de Jung) sobre la naturaleza psicótica de Ulises. Anecdóticamente esto se vincula también a la hija de Joyce (que devino psicótica), pero como propone Lacan, Ulises se transformo en un sostén significante para Joyce, en palabras de Calligari, Ulises actúa como parametáfora, ahí, donde el nombre-del-padre no alcanza a cumplir su función subjetivante, hecho que puede ser leído en la repetición que emerge, por ejemplo en [5], como ya mencioné.
El texto de Joyce, que pudo o no actuar como parametáfora en la constitución subjetiva de Joyce, es sin duda inconsciente develado, emergencia del sujeto del inconsciente por los juegos del lenguaje, y reflejo claro de cómo los significantes se articulan, caóticamente, en un cavilar incesante, metafórico y Real. Actúa también, de cierta manera en el lector, ante el desconcierto de la “irracionalidad”, evocando la propia experiencia subjetiva, activa aquello, que sobrepasa lo onírico, lo poético del texto, transgrede la norma de intersubjetividad en el texto, conecta aquello que conecta la interpretación, moviliza y desplaza.
Lacan agregara que lo ilegible de Joyce se conecta no con una perversión, que nos impida reconocernos en su texto, sino más bien con que el se ha “liberado”, que escapa a la metáfora del nombre-del-padre (y lo que actúa de sostén subjetivo es la parametáfora de Ulises) y es, considero yo, esta misma liberación la se constituye como atrayente, como seductora en el texto, y que conecta el texto a lo intimo del lector, ahí donde transgrede y moviliza aquello de lo que nada queremos saber.
- Alumno Tesista, Escuela de Psicología PUCV [volver ↩]
