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Reseñas
Yo, Pierre Rivière, habiendo degollado a mi madre, a mi hermana y a mi hermano…
Michael Foucault
Editorial Tusquets, Barcelona,
2001, 224 pp.
En 1836 fue publicado en los Annales d’hygiène publique et de médicine légale el dossier referido al caso de Pierre Rivière, quien en el pueblo de Aunay, al norte de Francia, el 3 de junio de 1835, degolla con una hoz a su madre, a su hermana y a su hermano. Más de un siglo después, Michel Foucault estudiando las relaciones entre psiquiatría y justicia penal, se encuentra con el dossier del caso del parricida del siglo XIX. Este documento toma forma a partir de tres informes médicos, algunos escritos jurídicos, declaraciones de testigos, actas del proceso judicial y un extracto de la memoria escrita por Rivière durante su detención.
“Creo que lo que nos determinó a este trabajo, a todos, a pesar de nuestras divergencias metodológicas o de objetivos, fue el hecho de que se trataba de un «dossier», es decir de un asunto, de un caso, de un acontecimiento alrededor y a propósito del cual se cruzaron discursos de origen, de forma, de organización y de función diferentes…”*, nos plantea Michel Foucault para presentar los distintos discursos que conforman una nueva publicación, cuyo posible análisis permite reconocer relaciones de poder existentes entre ellos. Es así como, con la investigación colectiva, dirigida por Foucault en el Còllege de France, se suman al dossier original encontrado, artículos periodísticos de la época sobre el acontecimiento y la Memoria íntegra de Pierre Rivière.
Los discursos psiquiátricos y jurídicos, centrales en el trabajo de Foucault, toman cuerpo en la compilación documental de este hecho que se revela como una historia, construida desde distintos saberes que luchan por dar cuenta de una verdad, “creo que, si decidimos publicar estos documentos, todos los documentos, fue para determinar de algún modo el plano de esas luchas diversas, restituir esos enfrentamientos y esas batallas, reencontrar el hilo de esos discursos, como armas, como instrumentos de ataque y de defensa frente a unas relaciones de poder y de saber”*
Foucault re-sitúa en el siglo XX una discusión no acabada en su época, invitando con esto a repensar el caso Rivière en un nuevo contexto histórico, en el que se presentan nuevos discursos posibles.
Sin embargo, y a nuestro pesar, en la edición aquí presentada se excluyen siete textos cortos de Foucault y sus colaboradores, en los que se analizan distintos aspectos del parricidio elaborados a partir de la realización de este trabajo, lo que deja fuera – a nuestro parecer- la posibilidad de conocer y acceder a una forma de pensar el crimen de Pierre Rivière, la de quienes realizaron esta fascinante obra que invitamos a conocer. Procuramos también provocar la inquietud de buscar las palabras que no encontramos en esta edición.
“Por último, y sobre todo, por una especie de veneración, y quizás también de terror por un texto que debía acarrear cuatro muertes, no queríamos sobreimponer nuestro texto a la Memoria de Rivière. Nos sentimos subyugados por el parricida de los ojos rojizos” (Textos extraídos de la presentación realizada por Michel Focault a la obra “Yo, Pierre Rivière…”).
Por MC y JV
Poderes de la Perversión
“Pouveoirs de l’horreur”
Julia Kristeva
Siglo XXI, Buenos Aires
1980 (1ª ed.), 1988 (1ª ed. en español)
281 pp.
Al sugerir que la literatura es su significante privilegiado, trato de indicar que, lejos de constituir un margen menor de nuestra cultura, tal como aparece admitirlo el consenso general, esta literatura, la literatura, es la codificación última de nuestra crisis, de nuestros apocalipsis más íntimos y más graves (p. 278).
Leer este libro de Julia Kristeva, es más aún que otros, una mirada sobre nosotros mismos, no sólo como individuos, sino como pertenecientes a una sociedad interdicta. Desde las primeras páginas la autora nos lleva a ver y leer el objeto abyecto, lo habla y lo rodea, y asimismo nos enrostra la propia abyección de la cual, como sujetos de la cultura, no podemos abstraernos. Así el libro comienza hablando en profundidad de la abyección y lo abyecto, para posteriormente dar cuenta de cómo la literatura y ciertos autores en particular dan cuenta de aquello; hablando del horror y del dolor, además de hacer una inmersión en la religión para finalmente centrarse en extenso en la obra de Louis-Ferdinand.
“A cada superyó su abyecto”, sugerente frase que nos habla ya en las primeras páginas de aquello que retornará permanentemente en todas las que quedan, pero que igualmente seguirá revelando preguntas y reflexiones. Lo abyecto…el objeto abyecto, aquel inevitable objeto caído, rechazado, “un peso de no-sentido”, “Es algo rechazado del que uno no se separa, del que uno no se protege…”. Lo abyecto no es aquello que carece de pulcritud, sino lo que perturba el orden, lo que perturba a la cultura, a un sistema, a un orden, en palabras de Kristeva “Aquello que no respeta los límites, los lugares, las reglas. La complicidad, lo ambiguo, lo mixto”, aquello que se escapa por los orificios del cuerpo, eso que produce asco: los excrementos, la sangre, los cadáveres; la muerte.
Así la autora va dando cuenta de la abyección, tenebrosa como es. Lo abyecto y la abyección representan los límites del sujeto y de la cultura, así como el reconocimiento de aquello mismo que constituye los límites de una identidad que también se constituye gracias a la exclusión. Así como lo abyecto es lo radicalmente excluido, que para ser tal tiene que haber sido parte, y solo nombrando aquello inmoral se lo puede hacer existir, para sólo de esta forma poderlo superar.
Aquello excluido retorna y retorna, es necesario conocer lo que marca el límite de la interdicción para no traspasarlo, pero también para juguetear con él y para rehuirle. Es eso que amenaza la diferenciación de un adentro y un afuera, que amenaza nuestros límites y nuestra identidad, la abyección está marcando la frontera de lo abyecto. Es así como Julia Kristeva presenta a la literatura moderna (Dostoievski, Proust, Joyce, Borges y especialmente Céline) como lenguaje simbólico que permite hablar de eso rechazado, pero que como ya se señaló, sigue siendo íntimo, “nuestros apocalipsis más íntimos y más graves” que aunque en principio reprimido retorna y retorna, así como es el trabajo del autor intenta en este vuelta y vuelta en el lenguaje mismo vaciar la nada de la angustia.
De esta manera Kristeva nos hace pasear por la abyección, nos hace leerla y retornar sobre ella, nos muestra también lo abyecto, paseando sin pudor a través de autores de la literatura, a través de la religión y de aquello siempre otro, siempre presente sin poder nombrarse; lo femenino, y se queda finalmente en la obra de Céline, donde retoma todo el horror y el dolor de lo abyecto, así como la función delimitante de la abyección que inevitablemente requiere una elaboración simbolizante en el lenguaje. Finalmente, serán unas palabras de la autora las que mejor cerrarán este breve comentario:
Pero si uno se imagina (…) la experiencia de falta misma como lógicamente anterior al ser y al objeto –al ser del objeto- entonces se comprende que su único significado sea la abyección, y con más razón la abyección de sí, siendo su significante…la literatura (p. 12).
Por FH
Sentido y sinsentido de la rebeldía.
Psicoanálisis y literatura
Julia Kristeva
Cuarto Propio, Santiago
1999, 368 pp.
De compleja traducción al castellano, la palabra Révolte, y el sentido y sin sentido que ella adquiere en nuestros días, define la problemática que Julia Kriteva, en el curso “Ciencias de los textos y documentos” del año 1995 en la Universidad de Paris 7, se propone comenzar a desarrollar. Presente desde el inicio de su obra, la noción de Revuelta, o Rebeldía, como viene traducida en esta pulcra edición que Cuarto Propio nos ofrece, es abordada en su amplitud antropológica, psicoanalítica y literaria.
La autora reivindica una cultura Rebeldía basada en el doble sentido que esta palabra adquiere al indagar en su evolución semántica: por un lado, la idea de movimiento en el espacio - giro, desplazamiento, desvío, revolver, conmoverse - y, por otro, la idea de tiempo - vuelta, revuelta, retorno, recuerdo. De esa manera, la noción de rebeldía - revuelta, revolución - adquiere una connotación que resuena en el espacio psíquico, situándose como una disposición moral y estética tendiente a mantener en movimiento el psiquismo.
Con la introducción de esta noción en su obra, Julia Kristeva, cuyo pensamiento se ha centrado hasta entonces en la idea de texto e intertextualidad, se adentra en la problemática de la experiencia, que ha de comprender el principio del placer y la pulsión de muerte en la relación consigo mismo, así como las posibilidades de instaurar un sentido continuamente renovado y renovable en la relación con la alteridad tanto psíquica como social. La rebeldía se constituye, pues, como un ejercicio que incorpora la dimensión de la alteridad, ubicado el límite entre lo somático y lo racional, allí donde se encuentra lo representable y lo irrepresentable en el lenguaje, allí donde se vuelve posible la experiencia.
Junto con la pregunta por la posibilidad de la experiencia - cuestión central en el pensamiento de comienzos y mediado del siglo XX -, Kristeva desarrolla a lo largo de este curso la pregunta por las posibilidades de rebelarse hoy en día, en el marco del fracaso de las ideologías rebeldes, del avance insostenible de la sociedad del espectáculo y del fenómeno de vacancia e inconsistencia de los lugares del interdicto. La propuesta de la autora frente a las posibilidades de pensar esta cuestión radica en un retorno a Freud, en cuya obra sitúa tres formas de rebeldía: la primera de ellas, dada por la trasgresión del interdicto en Tótem y Tabú, que dará origen al pacto social; en segundo lugar, la rebeldía que puede hallarse en el espacio analítico, en el ejercicio de anamnesis que realiza el analizante -fundado en el movimiento de repetición, preelaboración y elaboración- junto a la figura del analista, quien, posicionado como sujeto supuesto saber, ha de encarnar la ley y el interdicto; una última forma de rebeldía se encuentra en la plasticidad del lenguaje, en el juego de desplazamientos, giros y combinatorias del lenguaje propio de la asociación libre y el ejercicio de la escritura.
Dejando a un lado la primera de las instancias referidas, dadas las circunstancias actuales, la autora va a centrarse en las otras dos para dar énfasis a la rebeldía en el lenguaje y a topologías de configuraciones espaciales flexibles. De esta forma, inicia un recorrido a través del desarrollo freudiano en torno a la problemática del lenguaje, para encontrar allí, en un tercer momento de la obra del autor (1912 en adelante), la primacía de la significancia en relación a la dimensión de alteridad intrínseca al ser que, de acuerdo a la tesis de Kristeva, otorga a la subjetividad una dimensión infinita de creatividad y vuelve el relato, más que un trazado de puro lenguaje en el que representaciones cosa deben adherirse a representaciones palabra (como planteara Freud en un inicio de sus teorizaciones), un meollo de experiencias que da cabida a la pulsión y al campo del otro.
Tomándose la obra freudiana y su reinterpretación como marco de referencia para repensar el problema de la rebeldía, la autora va a adentrarse finalmente en la interpretación de ciertas manifestaciones de cultura rebeldía que pueden hallarse en la literatura que ha insuflado vida al avance del siglo veinte. Entre ellas, la obra de Louis Aragón, donde el goce sexual logra establecer una estrecha vinculación al goce de la lengua; la obra de Jean-Paul Sartre, que incorpora la dimensión de alteridad en toda palabra humana en situación política; la obra de Rolland Barthes, maestro indiscutible de la autora, que pulveriza la superficie cristalina de las ideas, de los mitos y de las creencias al declarar que todo lo ideológico se inscribe irremediablemente en una polifonía de redes semánticas e intertextos.
Estas tres figuras de la rebeldía, que Julia Kristeva encuentra en la intersección entre la experiencia psicoanalítica y la experiencia literaria, sustentan en forma autónoma un movimiento de rebeldía contra la indentidad del sexo y del sentido, de la idea y de la política, del ser y del otro; la rebeldía en el lenguaje contra el Uno de la identidad facultará, de acuerdo a la autora, la necesaria reapertura de una interrogante en torno a la estructuración de la subjetividad, haciendo del yo y del nosotros un cuestionamiento rebelde que linde con el sin sentido, cuyo ejercicio constante permite el advenimiento de potencialidades psíquicas plurales que estrechan la brecha entre el sujeto, el lenguaje y la experiencia.
Por MC
