revista ISTMO

Phantasieren: ficcionamiento metapsicológico del referente biológico en el texto freudiano

Por Carlos Piñones Rivera1

El presente ensayo no constituye sino el desarrollo de algunas ideas expresadas en nuestra tesis “La Herencia de Freud” (2006) en la cual analizamos en detalle la función de la noción de herencia al interior de los planteamientos etiológicos freudianos, para reflexionar sobre la causalidad psíquica en el contexto de una “reescritura de la vida social en los términos de narrativas genéticas y sus practicas”2

Si como nos recordaba Michea3 , Tellier afirmaba que el poeta es el guardián del mito, podríamos invertir la fórmula para abrir la pregunta por la figura de aquel Freud que ha sido signado como el único personaje capaz de inventar un mito para el siglo XX, restableciendo “el puente que une al hombre moderno con los mitos antiguos4”.

Quizás interese retomar la figura de este Freud ante la última versión de una ciencia biológica que, buscando programáticamente apropiarse del campo del deseo y la memoria5, intentó reestablecer una filiación imaginaria entre Freud y la biología. Si para ellos el Freud “biólogo del espíritu” no es sino un “descendiente” directo de Darwin6, cabe señalar que la coacción de este acto de adopción hace emerger como su reverso la figura de Freud como un “hijo natural”, en el sentido en que natural designa la “regla violada”, como nos recuerda Althusser7.

Y quizás, si retomamos el contexto evolucionista desde el cual Freud forja algunos de sus conceptos en la fragua metapsicológica, para afirmar que mas precisamente Freud debería situarse como el hijo de la pareja Darwin-Lamarck, podríamos evocar el mito de la degeneración por consanguinidad para explicar el singular engendro que es Freud en la cultura… engendro que produce engendros, como lo muestra “Tótem y tabú”, que en estricto rigor es el fruto de una racionalidad mítico-embriológica.

Es entonces subrayando de entrada esta anomalía de la racionalidad freudiana en el concierto del cientificismo occidental, que nos interesa introducirnos en el problema de lo mítico en Freud, no al nivel del mito como objeto del freudismo, sino en su estatus de estrategia epistemológica.

La mentada metaforización degenerante, origen del extravío acientificista de Freud8, nos parece un ejemplo privilegiado de su genialidad y un momento necesario que señala, en el vértigo de la razón, el acercamiento asintótico a la especificidad de su objeto. Trataremos entonces de captar ese vértigo en su movimiento, siguiendo su basculación desde la racionalidad evolucionista hacia la exigencia de racionalidad metapsicológica.

Tótem y tabú: La estrategia freudiana ante el referente biológico.

El punto que nos interesa analizar, en el cual la construcción metapsicológica de Tótem y tabú produce una subversión del referente biológico, es el de la exigencia de Freud de que la “Ley biogenética fundamental” de Haeckel sea capaz de ofrecer las herramientas para un “complemento antropológico”9 a los planteamientos nominalmente desarro-llistas de los “Tres ensayos”. La magnitud de esta exigencia adquiere todo su alcance si se considera que se trata de concebir no sólo el paso natura/cultura, sino este paso en tanto implica la regencia de la “moneda neurótica”.

En efecto, se podría cuestionar: ¿cómo es posible que en el escenario de un tiempo colosal, en el registro de las edades de la tierra supuesto de dar cuenta de la evolución filogenética, surja un modo de organización tal? ¿Qué trastornó en la historia de la especie la adecuación del homínido al orden natural, de manera que la lógica neurótica puede ser leída tanto en el registro de las producciones culturales como en el del padecimiento psíquico?

La respuesta freudiana es conocida. Básicamente plantea que en los albores de la humanidad, la organización de las colectividades en hordas (tal cual supuso Darwin) habría constituido una supremacía de hecho del macho dominante por sobre el resto, que desembocaría en una condición de monopolización de las mujeres, instituyendo en un estado de naturaleza la exogamia. En esta trama los machos habrían desarollado un sustrato de ambivalencia hacia aquél macho dominante basado en la confluencia del deseo de ocupar su lugar de excepción y a la vez de acabar con su reinado.

Este estado de cosas habría sido modificado radicalmente cuando los hermanos realizaran aquel acto parricida tan íntimamente deseado, puesto que desde la ambivalencia habría surgido junto con él una primera reacción de culpa, fundamento de la moralidad en el hombre, que los habría movilizado hacia el establecimiento de un orden que a la vez que otorgara un resarcimiento simbólico al padre, evitara la regeneración de las condiciones del acto parricida. Así, el padre es reemplazado por el animal totémico que define desde ahora un linaje para cuyos machos está negada la posesión de las mujeres de la misma fratría, instituyendo el imperativo exogámico como sanción sagrada.

El acto parricida constituye entonces aquel hito, momento que vertiginosamente desencadena todos los elementos que conforman el estado propio de la “regencia de la moneda neurótica”: la primacía del complejo paterno, la tiranía del padre muerto hecho símbolo10, como esquema articulador de la subjetividad. He ahí la constitución del mito científico freudiano, no sólo por que sea una conjetura histórica sobre los orígenes, sino por que todo el valor del acto parricida está en establecer esa mediación que Lévi-Strauss ha presentado como momento propio del pensamiento mítico11.

¿Basta con señalar, para valorar la operación freudiana, que este mito es científico por que se apuntala en una estructura conceptual cientificista (la “Ley biogenética fundamental”)? Para nosotros, la originalidad freudianase dibuja si se adopta un nuevo nivel de análisis para observar qué ocurre al texto biológico una vez que se le somete a la construcción de este mito científico en particular.

En la tesis lamarckiana de la “herencia de los caracteres adquiridos”, que Freud utiliza en complementariedad con la ley biogenética de Haeckel, se pueden distinguir dos momentos lógicos: un momento de “adquisición del carácter” y el momento de su “herencia”. El acto parricida aparecería como el momento de adquisición de este singular carácter para la especie humana que sería el complejo paterno, mientras que la herencia vendría a introducir la persistencia de ese carácter como dato transhistórico para la especie humana, lazo estructural entre la especie y el individuo que explicaría el estrecho sistema de correspondencia entre lo individual y lo transindividual, la psicología de los pueblos y la de la neurosis, y que permite leer ambos dominios como archivos de un mismo acontecimiento inaugural o incluso de un lenguaje arcaico12.

Así, la mentada recapitulación de Haeckel no sería sino la necesidad de la actualización constante en el individuo del fatum de la especie. En efecto, el momento en que adquiere su estatus propiamente psicoanalítico es cuando Freud señala que es la única forma que se le presenta para concebir el carácter compulsivo13 con que el complejo paterno reaparece en cada sujeto, como la imposición inexorable de un esquema que funde las experiencias anteriores en una nueva matriz14. La recapitulación es propiamente compulsión de recapitulación, si se nos permite el sintagma.

Pero entonces ¿Cómo se concilia este panorama con la tesis original haeckeliana? ¿Hay filiación efectiva ? O ¿en qué momento del trayecto se estableció el corte? Justamente en el trabajo de mitificación15 al que Freud somete el texto evolucionista, es decir, exactamente en el momento en que el texto haeckeliano, considerado versión discursiva de un hecho natural16 , es llevado a aquella zona entre lengua y habla en que las propiedades temporales de ambos sistemas se mezclan, ligando tiempo reversible e irreversible17.

Para nosotros, calificar la operación freudiana de mitificación implica considerar este registro de la temporalidad reversible e irreversible no al nivel de la historia relatada en donde según Lévi-Strauss radica la esencia del mito, como relato sobre un acontecimiento que conforma una estructura permanente, sino en tanto temporalidad en la que opera una estrategia que devela sus haces de relaciones, sus “unidades constitutivas mayores”, y desde la cual es posible producir combinaciones que le otorguen una nueva función significante18.

Ahora bien, lo interesante es que esta operación mitificante es en Freud perfectamente compatible con una racionalidad que se quiere científica, ya que la desagregación del discurso en sus elementos, es producida por una consideración literal de los haces de relaciones en su función estrictamente mecánica. La “adquisición del carácter” aparece como la mecánica de la conformación de la estructura según la Ananké; la herencia de estos caracteres, aparece como la mecánica de la repetición a escala filogenética. En su consideración estrictamente mecánica radica el que Freud no tenga que hacer ninguna concesión a los supuestos teleológicos del lamarckismo, que supone, al poner como principio de organización de lo vivo la jerarquía de la reproducción y la adaptación, una adecuación entre el ser vivo y la realidad.

Insistimos: Freud no paga el tributo de la importación desde que la adquisición del carácter no se articula con una lógica del uso (Lamarck)19 y la Herencia no aparece como el mecanismo de preservación de las ventajas20 en vistas de una “ley del desarrollo progresivo”, como llamó Darwin a este aspecto del pensamiento lamarckiano. Pero tampoco hay una cercanía mayor para con el darwinismo, que sustituye la ley de desarrollo progresivo por el mecanismo de la selección natural. En Freud uno y otro momento lógico de la tesis lamarckiana son sustituidos correlativamente por el impacto de un trauma real, verdadera catástrofe cuvieriana que instaura un primer tiempo absoluto (y por lo tanto mítico) para el traumatismo como articulación après coup, y por una compulsión de recapitulación cuyos efectos desadaptativos son suficientemente demostrados por el síntoma indivi-dual y el Malestar en la Cultura. Mas aún, la susceptibilidad a ser despertado por la menor contingencia (pensemos en el sueño del Hombre de los lobos), hace que el carácter especifico de la especie se eternice, impidiendo su extinción por selección natural.

Esto es lo que hay que subrayar para entender la radicalidad del planteamiento freudiano: no hay posibilidad de desaparición del complejo paterno por que lo que hay es una herencia de los caracteres adquiridos que una vez inscrito en la filogénesis no da pie sino a una reactualización renovada, inevitable, constituyendo un fatum de la humanidad. Algo que aleja la necesidad del Edipo de toda contingencia sociocultural.

Lo que hay que pensar con Freud entonces es la pura contingencia del establecimiento de un mecanismo compulsivo a escala filogenética que exige a cada sujeto una posición frente a la estructura del complejo paterno.

Lo que hay que pensar con Freud entonces es la pura contingencia del establecimiento de un mecanismo compulsivo a escala filogenética que exige a cada sujeto una posición frente a la estructura del complejo paterno.

Si con esto graficamos cómo Freud va contra los supuestos teleológicos de la biología de su época, con los propios medios de la biología, cabe hacerse la pregunta de si, en la conciencia teórica de Freud, ¿hay con esta creación un paso fuera del naturalismo?

Pues bien (he aquí otro giro interesante), para Freud todo esto puede ser planteado en absoluta concordancia con un legítimo naturalismo… ¡desde que la naturaleza se rige por el principio mítico del apremio de la vida, la necesidad: Ananké!

En efecto, la radicalidad de la diferencia entre la regencia de la moneda neurótica en el registro humano y la adecuación del animal a su medio, no es atribuible en el planteamiento freudiano a un paso a una “segunda naturaleza” (cultural), sino al desfase que resulta de la coexistencia, de la imbricación, entre un núcleo que compulsivamente se recapitula intacto, constituyendo el “núcleo de lo Icc.”21 (tal cual en Weismann el germen no se ve afectado por la deriva del soma), y una historia cultural posterior que todo sujeto debe internalizar. Queda ejemplificado, entonces, que la sujeción de Freud al ideal naturalista sólo es tan férrea porque exige al naturalismo que haga un lugar a lo inconsciente, haciendo estallar de esta manera sus marcos de referencia.

Así, situando a lo Icc. como una consecuencia de la Ananké, Freud puede otorgar a la realidad psíquica el mismo estatus de realidad, eficacia y consistencia que las Naturwissenschaft solo estaban dispuestas a otorgar a la realidad material. La realidad psíquica no es en la comprensión freudiana una realidad degradada respecto de la realidad material, dado que se forjó con los mismos medios (la Ananké, el apremio de la vida), y perdura por las mismas vías de transmisión que guían lo viviente (la herencia de los caracteres adquiridos). Y si hoy aparece bajo la forma de la fantasía, no es por que constituye una especie de realidad inferior a la material, sino por que sobre este núcleo de funcionamiento arcaico se han superpuesto a lo largo del desarrollo de la humanidad los estratos superiores, destinando esta estructura arcaica a sobrevivir en el terreno de la fantasía para desde ahí determinar las configuraciones de la conciencia.

La afirmación enigmática, de apariencia caprichosa, de que todo lo que hoy es fantasía en su origen fue realidad22 , se muestra entonces como el esfuerzo por otorgar una formulación que valore la sustantividad de la realidad psíquica (su estabilidad, su eficacia y organización), con la misma vara con la que se mide la realidad material. De ahí la inmutabilidad del metapsicólogo cuando la tesis de la herencia de los caracteres adquiridos caiga en el descrédito: antes que un momento de obstinación teórica como lo ha querido Jones, constituye el ejemplo de una apropiación epistemológica que autonomiza el discurso freudiano de la sanción de una verdad por venir de la biología.Quizás hay que tomar más en serio, como señala Assoun, el principio epistemológico freudiano de que “el ejemplo es la cosa misma”23 . Si así se piensa, entonces se puede hacer jugar la polisemia del término mitificación, para señalar que la mitificación del referente evolucionista, el considerarlo en su estatus mítico, deviene en su desmitificación, es decir, en la sustracción del halo de estima extraordinaria que el reduccionismo fisicalista le otorgaba. Si en la lógica freudiana el pasado especulado deviene hecho explicativo de la estructura presente, es sólo porque la “explicación” evolucionista ya tiene la estructura de una ficción.

La biología no podría ocupar entonces, para el psicoanálisis, el lugar privilegiado de la sanción de una verdad por venir. Y si esta estrategia resignifica el espacio de provisio-nalidad en que Freud signó a la metapsicología, como un espacio de autonomía epistemológica, podemos afirmar que el mito freudiano no es una versión del mito de la biología.

Si Lévi-Strauss pudo afirmar que la ideología política era el sustituto del mito24, quizás se pueda pensar que es justamente en la medida en que la biología busca detentar el lugar privilegiado del mito de los orígenes, que se revela como ideología política…

  1. Psicólogo PUCV, Diplomado “Psicopatología, subjetividad y cultura” (PUCV). [volver ↩]
  2. Taussig et al, 1999, citado en Taussig, Rapp and Heath 2003 [volver ↩]
  3. Ver Michea, F. (2005) “El poema, el poeta y el Otro”, Revista Istmo nº1, Valparaíso. [volver ↩]
  4. Lacan, J., “La cosa freudiana o sentido del retorno a Freud en psicoanálisis”, en Escritos I, Siglo XXI, Buenos Aires, 2002. [volver ↩]
  5. Así presenta esquemáticamente Kandel el esfuerzo al cual parecen confluir las investigaciones en biología: “As biologists come to focus more of their efforts on the brain-mind, most of them have become convinced that the mind will be to the biology of the twenty-first century what the gene has been to the biology of the twentieth century”. Y luego cita a Jacob: “The century that is ending has been preoccupied with nucleic acids and proteins. The next one will concentrate on memory and desire. Will it be able to answer the questions they pose?” (Kandel, 1999. p.508). [volver ↩]
  6. Paráfrasis de los títulos de “Freud biologiste de l’esprit” y “L’ascendant de Darwin sur Freud”. Ver bibliografía. [volver ↩]
  7. Althusser (1977. p.181). [volver ↩]
  8. Para Pribram, al relativizar el valor que las hipótesis neurológicas y biológicas del Proyecto tienen para el psicoanálisis, los herederos de Freud han conducido al modelo freudiano a una degeneración metaforizante: “El modelo de Freud ha degenerado en una metáfora. Esto no significa que haya sido despojado de sus supuestos neurológicos y biológicos. Si significa que el modelo degenerado ya no se formula en términos verificables, mientras que la imprecisa metáfora se toma como verídica” (Gill & Pribram, 1977. p.168). [volver ↩]
  9. “Y opino que muy pronto llegará el tiempo en que se podrá ampliar una tesis que los psico analistas hemos formulado hace ya mucho, agregándole a su contenido válido para el individuo, entendido ontogenéticamente, el complemento antropológico, de concepción filogenética” (Freud, 1911a. p.76). [volver ↩]
  10. “Tras eliminarlo, tras satisfacer su odio e imponer su deseo de identificarse con él […] El muerto se volvió aún más fuerte de lo que fuera en vida” (Freud, 1913b). [volver ↩]
  11. “[…] el pensamiento mítico procede de la toma de conciencia de ciertas oposiciones y tiende hacia su mediación progresiva” (Levi-Strauss, 1989. p.246). [volver ↩]
  12. “Se recibe la impresión de estar frente a un modo de expresión antiguo, pero desaparecido, del que en diversos ámbitos se han conservado diferentes cosas”. (Freud, 1916. p.152). [volver ↩]
  13. “Una tradición fundada sólo en el hecho de ser comunicada no podría testimoniar el carácter compulsivo
    que corresponde a los fenómenos religiosos. Sería escuchada, juzgada y, llegado el caso, rechazada como cualquier otra noticia que llega de afuera: nunca alcanzaría el privilegio de librarse de la compulsión del pensar lógico. Es preciso que haya recorrido antes el destino de la represión, pasado por el estado de permanencia dentro de lo inconciente, para que con su retorno se desplieguen efectos tan poderosos y pueda constreñir a las masas en su embrujo, como lo hemos visto con asombro, y sin entenderlo hasta ahora, en el caso de la tradición religiosa” (Freud 1939). Cursivas nuestras. [volver ↩]
  14. Ver Freud “De la historia de una neurosis infantil”. [volver ↩]
  15. Según la RAE: “1. tr. Convertir en mito cualquier hecho natural. 2. tr. Rodear de extraordinaria estima determinadas teorías, personas, sucesos, etc.” [volver ↩]
  16. Nos referimos por cierto al momento previo a su expulsión del corpus de la doxa biológica; que como es sabido resulta del gesto de Weismann que establece como criterio de distinción entre la teoría darwiniana y la lamarckiana la aceptación del concepto de “herencia de los caracteres adquiridos”. [volver ↩]
  17. “[…] la lengua pertenece al dominio de un tiempo reversible, y el habla al de un tiempo irreversible. […] Ahora bien, el mito se define por un sistema temporal, que combina las propiedades de los otros dos” (Levi-Strauss, 1989. p.232). [volver ↩]
  18. “Postulamos, en efecto, que las verdaderas unidades constitutivas del mito no son las relaciones aisladas, sino haces de relaciones, y que sólo en forma de combinaciones de estos haces las unidades constitutivas adquieren una función significante” (Levi-Strauss, 1989. p.234). [volver ↩]
  19. “Primera ley: En todo animal que no ha traspasado el término de sus desarrollos, el uso frecuente y sostenido de un órgano cualquiera lo fortifica poco a poco, dándole una potencia proporcionada a la duración de este uso, mientras que el desuso constante de tal órgano le debilita y hasta le hace desaparecer” (Lamarck, 1986. p.175). [volver ↩]
  20. “Segunda ley: Todo lo que la naturaleza hizo adquirir o perder a los individuos por la influencia de las circunstancias en que su raza se ha encontrado colocada durante largo tiempo, y consecuentemente por la influencia del empleo predominante de tal órgano, o por la de su desuso, la Naturaleza lo conserva por la generación de nuevos individuos, con tal de que los cambios adquiridos sean comunes a los dos sexos, o a los que han producido estos nuevos individuos” (Lamarck, 1986. p.175). [volver ↩]
  21. “El núcleo de lo inconciente anímico lo constituye la herencia arcaica del ser humano, y de ella sucumbe al proceso represivo todo cuanto, en el progreso hacía fases evolutivas posteriores, debe ser relegado por inconciliable con lo nuevo y perjudicial para él” (Freud, 1919. p.199). [volver ↩]
  22. “El núcleo de lo inconciente anímico lo constituye la herencia arcaica del ser humano, y de ella sucumbe al proceso represivo todo cuanto, en el progreso hacía fases evolutivas posteriores, debe ser relegado por inconciliable con lo nuevo y perjudicial para él” (Freud, 1919. p.199). [volver ↩]
  23. Cfr. Assoun: Introducción a la metapsicología freudiana. [volver ↩]
  24. Levi-Strauss, 1989. p.232. [volver ↩]